"Superman", la visión peculiar de James Gunn sobre el héroe más clásico
Desde un inicio, la elección de James Gunn para dirigir Superman parecía, cuanto menos, curiosa. Conocido por dar vida a personajes poco convencionales en cintas como Guardianes de la Galaxia y El Escuadrón Suicida, Gunn siempre ha mostrado afinidad por superhéroes de segunda línea: figuras marginadas, extrañas y con pasados oscuros. Por eso, asumir el mando de una figura tan tradicional como Superman representaba un reto inusual para él.
Después de todo, Superman es uno de los superhéroes más convencionales que existen. Y, siendo honestos, fuera del carisma que Christopher Reeve alguna vez le imprimió al personaje, el Hombre de Acero puede resultar algo monótono. Es precisamente allí donde radica el encanto —y a la vez el desafío— de esta nueva entrega: ver cómo Gunn intenta, con todas sus armas creativas, hacer que Superman vuelva a despertar interés.
En esta nueva versión, interpretada con sobriedad por David Corenswet, Gunn opta por saltarse el origen clásico del personaje y le añade elementos frescos: un superperro llamado Krypto, una galería de personajes poco comunes como Metamorpho (Anthony Carrigan), y un enfoque más humano. A pesar de incluir a figuras emblemáticas como Lois Lane (Rachel Brosnahan) y Lex Luthor (Nicholas Hoult), Gunn da espacio a héroes menos conocidos, dotando a la historia de una identidad más excéntrica.
Metamorpho, un personaje trágico marcado por la desgracia, ejemplifica bien el enfoque de Gunn: lo marginal es lo que más lo atrae. Aunque Corenswet encarna a un Superman de aspecto ideal, con su peinado perfecto y mandíbula firme, lo que realmente parece importar al director es explorar lo extraño y lo emocional detrás de la apariencia heroica.
La apuesta de esta película es mostrar que incluso el símbolo del bien absoluto puede ser un "bicho raro" en un mundo donde hacer el bien parece estar pasado de moda.
La película no es perfecta. Aquellos que esperan un Superman más clásico y solemne podrían encontrarla irreverente o caótica. Pero para quienes sintieron que las versiones anteriores, especialmente las de Zack Snyder, eran demasiado densas, esta propuesta ofrece algo más ligero, con ritmo y corazón.
Gunn da un giro claro al estilo de la franquicia. Donde antes había épica sobria y combates divinos, ahora encontramos una narrativa más cercana, con tintes cómicos y sentimentales. Incluso el modo en que Superman vuela —con los brazos hacia atrás, como un corredor de skeleton— habla de ese cambio de tono.
En lugar de empezar en Krypton o Kansas, la historia arranca en la Antártida, cerca de la Fortaleza de la Soledad. La introducción nos sitúa rápidamente: los metahumanos existen desde hace siglos, Superman acaba de perder una pelea y, sangrando en la nieve, llama a su perro Kripto para que lo auxilie.
Como Groot en Guardianes, Kripto mezcla ternura con humor. Gunn lo usa como alivio cómico, pero también como símbolo de la humanidad del protagonista. La batalla con Lex Luthor, ahora reconvertido en un cerebro militarizado que da órdenes desde una torre corporativa llena de drones, es tan excéntrica como se espera del estilo del director.
En Metrópolis, Clark Kent vuelve a su rutina en el Daily Planet, acompañado por Perry White (Wendell Pierce) y Jimmy Olsen (Skyler Gisondo). Sin embargo, el alma del elenco es Lois Lane. Rachel Brosnahan brilla en el papel, aportando energía y matices que elevan cada escena que comparte con Corenswet. Su ausencia en ciertos tramos del filme hace que este pierda fuerza.
En una vuelta algo enredada del guion, Superman es atrapado en un universo alterno, lo que da paso a la aparición de otros personajes como la Liga de la Justicia: Linterna Verde (Nathan Fillion), Mister Terrific (Edi Gathegi) y Hawkgirl (Isabela Merced). De ellos, Gathegi destaca, aportando equilibrio entre la locura creciente y la gravedad de la amenaza.
Las típicas crisis globales regresan: grietas en el universo, conflictos en naciones ficticias como Boravia y Jarhanpur. En estas escenas es donde el tono de Gunn se vuelve más tambaleante. A veces parece que los efectos visuales y las bromas se imponen sobre el contenido. Y cuando esto ocurre, Kripto suele volver a escena para recuperar el ritmo.
Gunn, ahora al frente de DC Studios junto con Peter Safran, demuestra que se siente más cómodo en los conflictos internos y personales que en las tramas geopolíticas. Superman, siempre señalado como “el alienígena”, es retratado aquí como el eterno extranjero: alguien bondadoso en un mundo que desconfía de la pureza.
Superman, con su mezcla de ternura, extravagancia y humanidad, se siente como una propuesta singular en el panorama actual de los superhéroes. A veces se desborda en estilo, con transiciones visuales caprichosas (como una dona girando sin razón aparente o una pastilla efervescente cayendo en agua), pero estos detalles, aunque superficiales para algunos, le otorgan un carácter único.
Más allá de su acción y espectáculo, esta película tiene algo que escasea en el género: calidez. Y eso hace que este Superman, a pesar de sus rarezas, sea más cercano que nunca.
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