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Ataques de osos en Japón disparan el consumo de su carne y transforman una crisis en oportunidad gastronómica


El aumento sin precedentes de ataques mortales de osos en Japón ha generado una situación tan alarmante como inesperada: el crecimiento acelerado del consumo de carne de este animal en restaurantes del país. La crisis, que ya ha dejado al menos 13 víctimas fatales en lo que va del año fiscal, ha impulsado una respuesta gubernamental basada en el control poblacional, cuyas consecuencias se extienden ahora al ámbito gastronómico y económico.

En la ciudad montañosa de Chichibu, cerca de Tokio, el cocinero y cazador Koji Suzuki enfrenta dificultades para abastecer la creciente demanda de platos elaborados con carne de oso en su restaurante. Preparada a la parrilla sobre piedra caliente o cocida lentamente con verduras, la carne proviene de animales sacrificados como parte de las medidas para reducir los encuentros violentos con humanos.

Aunque el local también ofrece carne de ciervo y jabalí, el oso se ha convertido en el plato más solicitado tras meses de noticias sobre animales ingresando a viviendas, rondando escuelas e incluso apareciendo en supermercados. Según Suzuki, el interés del público aumentó notablemente conforme se intensificó la cobertura mediática del problema.

Para el chef, aprovechar la carne representa una forma de respeto hacia el animal. Considera que utilizarla con fines alimentarios resulta más responsable que desecharla. Su esposa, Chieko Suzuki, quien administra el negocio, afirma que con frecuencia deben rechazar clientes debido a la alta demanda, aunque evita precisar el impacto económico exacto.

Entre los comensales se encuentran jóvenes atraídos por la curiosidad gastronómica. Algunos, como el compositor Takaaki Kimura, describen la carne como jugosa y de sabor intenso, destacando su textura y riqueza al paladar.

Las autoridades japonesas esperan que el sacrificio de estos animales —capaces de alcanzar hasta media tonelada de peso y superar la velocidad humana— contribuya a reducir los riesgos en zonas rurales y urbanas del norte del país. El número de muertes registradas este año ya duplica el récord anterior, cuando aún faltan varios meses para el cierre del periodo fiscal.

Especialistas atribuyen el fenómeno a una combinación de factores: el crecimiento sostenido de la población de osos, la reducción de comunidades humanas en áreas rurales y la escasez de bellotas, su principal fuente de alimento, lo que los obliga a buscar comida en asentamientos humanos.

Ante la emergencia, el Gobierno japonés ha desplegado personal militar para apoyar la captura y ha autorizado a fuerzas policiales a abatir ejemplares peligrosos. Solo en la primera mitad del año fiscal actual, el número de osos sacrificados ya superó los 9,100 registrados durante todo el periodo anterior.

Aunque la carne de oso no forma parte del consumo cotidiano, su ingesta tiene antecedentes históricos en comunidades de montaña. Las autoridades ahora buscan convertir este recurso en una fuente de ingresos para las zonas rurales. El Ministerio de Agricultura ha subrayado la importancia de transformar la fauna silvestre conflictiva en una oportunidad económica sostenible.

Para ello, se han destinado más de 118 millones de dólares en subvenciones dirigidas al control poblacional y al fomento del consumo responsable. En regiones como Aomori, una de las más afectadas, restaurantes han agotado sus existencias. La popularidad se ha visto impulsada incluso por publicaciones de influencers en redes sociales.

En Hokkaido, donde habitan exclusivamente los osos pardos, cuya población se ha duplicado en las últimas tres décadas, chefs de alta cocina también han incorporado esta carne en menús gourmet. Algunos establecimientos ofrecen platos sofisticados con salsas de vino y consomés, atrayendo a un público dispuesto a pagar precios elevados por la experiencia.

Sin embargo, gran parte de la carne sigue desperdiciándose debido a la falta de instalaciones de procesamiento autorizadas. De los más de 800 mataderos existentes en Japón, solo unos pocos se ubican en las prefecturas más afectadas por los ataques, lo que limita el aprovechamiento total del recurso.

A pesar de ello, algunos negocios han optado por crear sus propias carnicerías, evitando el desperdicio y dando uso a un producto que, de otro modo, sería desechado. Así, una grave crisis ambiental y de seguridad comienza a redefinirse también como un fenómeno económico y cultural en el Japón contemporáneo.

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