Investigadores de la Agencia para la Ciencia, la Tecnología y la Investigación (A*STAR) de Singapur han encontrado una asociación entre la exposición a pantallas antes de los dos años de edad y una mayor lentitud en la toma de decisiones, además de niveles más altos de ansiedad durante la adolescencia.
El estudio, publicado en la revista científica eBioMedicine, indica que los niños que pasaron más tiempo frente a dispositivos electrónicos en sus primeros años de vida mostraron una maduración más rápida de ciertas redes cerebrales, especialmente aquellas relacionadas con el procesamiento visual y el control cognitivo. Los investigadores sugieren que este fenómeno podría estar vinculado a la alta estimulación sensorial que generan las pantallas.
Los resultados también revelan que el tiempo de exposición a pantallas a los tres y cuatro años no produjo los mismos efectos, lo que refuerza la idea de que los primeros dos años de vida constituyen una etapa especialmente vulnerable para el desarrollo cerebral.
“El desarrollo acelerado ocurre cuando determinadas redes del cerebro maduran demasiado pronto, generalmente como respuesta a estímulos intensos o situaciones adversas”, explicó Huang Pei, primer autor del estudio. En condiciones normales, estas redes se especializan de forma progresiva; sin embargo, en niños con elevada exposición temprana a pantallas, las áreas vinculadas a la visión y la cognición se especializaron antes de tiempo, sin haber desarrollado aún conexiones eficientes para procesos mentales más complejos.
Según el investigador, esta especialización temprana puede reducir la flexibilidad y capacidad de adaptación del cerebro, afectando el desempeño cognitivo en etapas posteriores de la vida.
Decisiones más lentas y mayor ansiedad
La investigación halló que los niños con este patrón de desarrollo cerebral tardaban más en completar tareas cognitivas a los 8 años y medio, lo que apunta a una menor eficiencia mental. Además, a los 13 años, estos mismos participantes reportaron mayores síntomas de ansiedad.
Estos hallazgos sugieren que el impacto del uso temprano de pantallas no se limita a la infancia, sino que puede influir en el comportamiento y la salud mental durante la adolescencia.
El estudio analizó datos de 168 niños pertenecientes a la cohorte Creciendo en Singapur hacia Resultados Saludables (GUSTO), a quienes se dio seguimiento durante más de diez años. Se realizaron estudios de neuroimagen cuando los participantes tenían 4,5, 6 y 7,5 años, lo que permitió observar la evolución de sus redes cerebrales a lo largo del tiempo.
La lectura compartida como factor protector
Los investigadores recordaron además que un trabajo previo, publicado en 2024 en Psychological Medicine, mostró que el tiempo frente a pantallas en bebés también se asocia con cambios en las redes cerebrales responsables de la regulación emocional. No obstante, dicho estudio identificó un factor protector clave: la lectura compartida entre padres e hijos.
En los niños a quienes se les leía con frecuencia a los tres años, la relación entre el tiempo de pantalla y las alteraciones cerebrales fue considerablemente menor. Esto sugiere que la lectura conjunta ofrece una experiencia interactiva y enriquecedora, con intercambio emocional, estimulación del lenguaje y participación activa, aspectos que no proporciona el consumo pasivo de pantallas.
“Estos resultados nos ayudan a comprender, desde una base biológica, por qué es tan importante limitar el uso de pantallas durante los primeros dos años de vida”, señaló Tan Ai Peng, investigador principal del IHDP A*STAR y autor del estudio. “También refuerzan el papel fundamental de la participación de los padres, ya que actividades como leer juntos pueden generar un impacto muy positivo en el desarrollo infantil”.
La investigación se llevó a cabo en colaboración con especialistas del Hospital Universitario Nacional de Singapur, el Hospital de Mujeres y Niños KK y la Universidad McGill, en Canadá.

0 Comentarios