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Especialistas alertan que los propósitos de Año Nuevo pueden afectar la salud mental si no son realistas

 Los tradicionales propósitos de Año Nuevo, lejos de ser siempre una fuente de motivación, pueden convertirse en un factor de estrés y frustración cuando se plantean de forma poco realista. Así lo advierte María Calle, psicóloga de Blua de Sanitas, quien explica que enero suele venir acompañado de una presión social por “mejorar” que no siempre es saludable.

Según la especialista, este inicio de año está cargado de expectativas que empujan a muchas personas a exigir cambios rápidos y profundos en su vida. Cuando esas metas se formulan como grandes transformaciones inmediatas, aparece una evaluación constante de uno mismo que eleva los niveles de ansiedad y disminuye la constancia con el paso de las semanas.

Las redes sociales juegan un papel clave en este fenómeno. La exposición diaria a imágenes de éxito, cuerpos perfectos o estilos de vida idealizados puede generar una percepción distorsionada de lo que es posible lograr. Esta comparación permanente alimenta un diálogo interno más crítico y una sensación de insuficiencia, incluso cuando se están haciendo esfuerzos reales.

La psicóloga aclara que el problema no es querer cambiar, sino hacerlo desde expectativas ajenas o inalcanzables. Cuando la meta se centra en cumplir una imagen ideal impuesta desde fuera, se deja de lado lo que realmente necesita cada persona, lo que incrementa el malestar emocional y favorece el abandono temprano de los objetivos.

🧩 Cómo fijar metas sin afectar el bienestar emocional

Los expertos de Sanitas recomiendan plantear los propósitos desde una mirada más equilibrada y sostenible. En lugar de enfocarse en grandes resultados, sugieren trabajar sobre hábitos pequeños y concretos, como modificar rutinas diarias o incorporar conductas saludables de forma progresiva.

Además, reducir la exposición a contenidos que promueven comparaciones constantes puede ayudar a proteger la autoestima. Limitar el tiempo en redes sociales, silenciar cuentas que refuercen estándares irreales y seguir perfiles que muestren procesos reales —no solo logros finales— es una estrategia útil para mantener una visión más sana.


Otro punto clave es aceptar que los tropiezos forman parte del proceso. Reconocerlos como algo normal evita la autoexigencia extrema y permite mantener una relación más compasiva con uno mismo, algo fundamental para sostener cualquier cambio a largo plazo.

También es importante valorar cada avance, por pequeño que sea, y recordar que ajustar los objetivos cuando cambian las circunstancias no significa fracasar. Adaptar las metas a la realidad personal, laboral o familiar es una forma de hacerlas más alcanzables y saludables.

Finalmente, los especialistas recuerdan que si la presión por cumplir los propósitos genera ansiedad persistente, bloqueo o tristeza, lo más recomendable es buscar orientación profesional. Contar con apoyo psicológico puede ayudar a recuperar el equilibrio emocional y a redefinir metas desde una perspectiva más realista y amable.

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