Ticker

6/Internacionales/ticker-posts

Header Ads Widget

Responsive Advertisement

Por qué tu cerebro te lleva al autosabotaje: la ciencia detrás de la autolesión, la procrastinación y la autocrítica

 Las conductas de autosabotaje, que van desde la autocrítica constante hasta evitar personas, proyectos o incluso causarse pequeñas molestias físicas, no son simples fallas de carácter. De acuerdo con el psicólogo clínico Charlie Heriot-Maitland, de la Universidad de Stanford, estos comportamientos tienen raíces profundas en los mecanismos de supervivencia del cerebro humano.

En su libro Controlled Explosions in Mental Health, el especialista explica que el cerebro no está diseñado para hacernos felices, sino para mantenernos con vida. Para lograrlo, busca reducir la incertidumbre y controlar cualquier amenaza potencial, incluso si eso implica causarnos un daño menor con tal de evitar uno mayor.

Por ejemplo, alguien que retrasa un proyecto importante puede estar evitando el miedo al fracaso o al rechazo. Aunque procrastinar genera culpa y estrés, el cerebro lo utiliza como una forma de protección frente a una amenaza emocional más intensa.

El cerebro prefiere una amenaza conocida

Nuestro sistema nervioso reacciona con más fuerza ante lo impredecible que ante lo difícil. Cuando no sabemos qué puede ocurrir, el cerebro entra en alerta máxima. Por eso, muchas veces prefiere que seamos nosotros mismos quienes generemos una situación negativa antes que exponernos a algo externo que no podemos controlar.

En términos simples, el cerebro opta por una amenaza que conoce y maneja antes que una que podría sorprenderlo. De ahí surgen conductas como el pesimismo, el aislamiento o la anticipación constante de que algo saldrá mal.

Autosabotaje como estrategia de protección

La evolución nos dejó un sistema de detección de peligros extremadamente sensible. Gracias a él sobrevivimos como especie, pero hoy también nos hace ver amenazas incluso donde no las hay.

Así se explica que alguien evite una relación por miedo al rechazo, o que coma en exceso para no enfrentar la frustración de no cumplir una meta. Son intentos del cerebro por reducir el impacto emocional de una posible decepción.

Las formas más comunes de autosabotaje

Entre las conductas más frecuentes se encuentran:

  • La procrastinación, que evita enfrentar tareas asociadas al miedo al fracaso.

  • El perfeccionismo, que intenta prevenir errores a costa de estrés y agotamiento.

  • El pesimismo, que reduce las expectativas para minimizar el dolor si algo sale mal.

  • La autocrítica, que busca generar control castigándose a uno mismo.

En todos los casos, el sistema de alerta del cerebro toma el control y utiliza funciones como la imaginación para crear escenarios negativos que justifican la conducta de protección.

El círculo que se refuerza solo

El problema es que estas conductas suelen convertirse en profecías que se cumplen por sí mismas. Si una persona cree que no es capaz, puede esforzarse menos y terminar confirmando esa creencia. Si alguien piensa que no será querido, puede evitar el contacto y acabar solo, reforzando su miedo inicial.

Muchas veces estas respuestas tienen origen en experiencias difíciles, traumas o pérdidas pasadas que dejaron al cerebro en estado de alerta permanente.

La salida: comprensión y autocompasión

Según Heriot-Maitland, el camino para romper el ciclo no pasa por criticarse más, sino por desarrollar una actitud compasiva hacia uno mismo. Comprender que el autosabotaje intenta protegernos permite cambiarlo sin culpa ni violencia interna.

El proceso implica crear seguridad emocional y reconocer las necesidades que no fueron satisfechas en el pasado. Aunque no existe una solución rápida, la neuroplasticidad del cerebro permite aprender nuevas formas de reaccionar si se hace con constancia y conciencia.

Entender que estas conductas nacen de un intento de protección abre la puerta a transformarlas sin negarlas ni dejar que sigan controlando la vida.

Publicar un comentario

0 Comentarios